martes, 11 de agosto de 2015

Mi pequeña musa

Dicen que a los ojos de una madre todos sus hijos son bellos, y no sé si sea cierto, pero debo reconocer que yo estoy convencida de que mi hija es la más hermosa chamaquita que conozco.

Aún me acuerdo de la primera vez que la vi: Recién nació, yo la escuché llorar a la distancia. Me pareció eterno el tiempo entre su nacimiento y el que sería el primero de muchos llantos. Estaba preocupada, adolorida, nerviosa...  Me dijo el doctor: tranquila, ella está bien. Vamos a limpiarla y la vas a conocer.

Una pequeñita arrugada, enojada, tanto o más incómoda que yo, llorosa y espantada. Estaba envuelta en una cobijita blanca. La pusieron encima de mí y pude ver por primera vez su rostro. Sonreí tranquila. Tenía la intención de grabar en mi mente su cara, pero entre las lágrimas resultaba difícil concentrarse en eso. Tenía un granito en la mejilla izquierda que me dijo el doctor, era una bolita de grasa.

Pensaba que era la bebé más pequeña que había visto hasta ese momento, y sí que lo era, pues nació pesando 2.125 kg, por lo que tuvo que quedarse internada una semana en el hospital, una larga semana en el hospital.

Hoy, a casi 13 años de distancia, los cambios han sido notorios. Empecé como madre de una bebé prematura, de 51 cm. de largo,  2.125 kg., pequeñita, casi sin cabello, y con una bolita de grasa en la mejilla izquierda. En noviembre, seré madre de una jovencita de 13 años, que ya estará cursando el segundo año de secundaria. Para ese entonces es muy probable que sea de mi estatura o tal vez un poco más alta, delgada tanto como su padre lo era a su edad, cabello castaño y lacio, ojos cafés, nariz de bola y labios largos y siempre sonrientes. Una jovencita que siempre saca buenas notas en la escuela, que hace la tarea y que siempre me recibe con una sonrisa cuando regreso de trabajar.

Una jovencita que dibuja mejor que yo, que es buena para bailar y cantar, que está vuelta loca por el ánime, que ama a los ponys, que platica horas con sus amigas y que me hace sentir orgullosa cada uno de los días que han pasado desde que ella llegó a mi vida.

Como decía al principio, no sé si sea cierto, y yo creo que es probable que sí lo sea, porque para esta madre, su hija sin duda es encantadora.

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