Un día en mi trabajo es bastante rutinario pero sin duda para mí, a veces, muy interesante... Desde que era pequeña, supe que me dedicaría a esto porque no me veía futuro como doctora o maestra -mi pánico escénico no me lo permitiría.
No tengo la profesión más llamativa del mundo, y de hecho, cada vez que alguien me pregunta ¿a qué te dedicas?, dudo un poco sobre el cómo voy a contestar, dependiendo un poco de mi interlocutor.
Creo, es más, estoy casi segura, que si le preguntan a mis compañeros lo mismo, cada uno de nosotros daría una definición distinta para la misma cosa, que como especifica el contrato dice: Asistente de investigador. ¿Qué caracoles es eso?
Para definirlo de la mejor manera, relataré de la manera más fiel posible, un día de trabajo normal...
Trabajo para una institución gubernamental o paraestatal, no lo sé con certeza, y no creo que sea necesario decirlo.
Mi lugar de trabajo en conjunto es realmente hermoso: un edificio más o menos viejo en el sur de la ciudad de México en el que contamos con un hermoso jardín, una biblioteca con muy buen material y varios cubículos para los varios investigadores que trabajan ahí. Tengo la fortuna de asisitr desde hace ya casi siete años, y es además de un recinto muy bello, un espacio tranquilo y con lo necesario para llevar a cabo nuestras actividades.
Por la mañana al llegar, debo firmar mi entrada como toda una Godínez, me dan un gafetito de color rojo -que debemos portar con distinción todo el día dentro de las instalaciones- y me dirijo a mi cubículo. Bueno, en realidad no es mi cubículo, es el cubículo de mi jefa, pero como ella no va todos los días, y yo he estado ahí desde hace casi siete años, ya lo siento como de mi propiedad. ¡Ah! Porque además, ese cubículo es compartido con otra investigadora que asiste menos que mi jefa, así que por uso y abuso del espacio lo reclamo como mío.
Al llegar, lo primero que hago es encender la flamante computadora, sacar los folders con papeles viejos que me encuentro archivando, y mientras se enciende la maquinaria, como buena Godínez, voy por mi cafecito.
Durante mi jornada laboral, este año me he dedicado a archivar documentos que mi jefa se ha dedicado a recolectar en sus treinta y tantos años de investigadora; difícil labor pues son papeles de todo tipo, desde censos, artículos, fichas de trabajo a mano, seguido de un largo etc.
A veces, cuando el tiempo apremia, apoyo a mi jefa a realizar sus ponencias, presentaciones y conferencias. Otras, hago informes trimestrales, semestrales, anuales... No faltan las labores de fotocopiado, engargolado. Pero sin duda, lo que más me gusta es la investigación.
Revisar archivos, leer documentos que se deshacen cuando los tocas con tus guantes blancos, encontrar la firma de Maximiliano de Habsburgo o de Benito Juárez, leer la carta de un grupo de indígenas que se queja por el resultado de la elección del presidente municipal de su comunidad... Es fascinante.
Visitar bibliotecas, leer periódicos -y aquí confesaré que con mi permiso VIP pedí un periódico de la fecha en que nací para encontrar con tristeza que no pasó nada genial salvo mi llegada a este mundo-, y tener acceso a libros, revistas, documentos, cartas personales, fotografías, boletas electorales del siglo XIX entre otras varias cosas, es lo más cercano que se puede estar con un viaje en el tiempo. Pero no nos alejemos del tema, eso desafortunadamente no es trabajo de todos los días.
Mi jornada por ahora, termina cuando dan las 2:00, y yo guardo mis folders amarillos, acomodo las fichas de trabajo y meto en su caja negra los papeles que una vez que han sido descritos con santo y seña, no volverán a ver la luz en mucho tiempo.
Matrícula: ES1511118450
Matrícula: ES1511118450

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